Campos energéticos y sistemas de energía

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Los seres humanos estamos hechos de energía y estamos sustentados por ella. Nuestro cuerpo es un campo de energía siempre cambiante y dinámico, no una estructura física estática. Es un holograma en el cual cada parte contiene información sobre el todo. Por la física cuántica sabemos que en el nivel subatómico, la materia y la energía, que también se puede llamar espíritu, son intercambiables. La mejor expresión de esto que he oído es que la materia es la forma de espíritu más densa, y el espíritu la forma de materia más ligera. Podemos considerar que nuestro cuerpo es una manifestación de energía espiritual. Nuestra mente y nuestros pensamientos cotidianos forman parte de este espíritu y tienen un efecto bien documentado sobre la materia y nuestro cuerpo.

               Los factores psíquicos y emocionales influyen enormemente en la salud física, porque las emociones y los pensamientos van siempre acompañados por reacciones bioquímicas en el cuerpo. El continuo mente-cuerpo sólo se puede entender correctamente cuando nos comprendemos como un sistema energético siempre cambiante que es influido por la energía que lo rodea y también influye en ella. No acabamos en nuestra piel.

            Aunque no podemos ver la energía que nos conforma y sustenta, es sin embargo una parte vital de nosotros. Es la fuerza vital que hace que nuestro corazón lata y nuestros pulmones respiren incluso cuando estamos dormidos. Cualquiera que haya tenido la experiencia de ver morir a una persona te dirá que algo cambia después del momento de la muerte. Aunque el cuerpo físico sigue presente, la persona que conocimos ya no está allí.

           Los campos energéticos interaccionan dentro de una persona. También interaccionan entre una persona y otra, y entre una persona y el mundo en general. Estas interacciones, cuya existencia está bien documentada, son importantes para el crecimiento humano y el desarrollo sano a lo largo de toda la vida. Por ejemplo, en un estudio realizado en la Universidad de Miami con bebés prematuros de igual peso y alimentados con la misma cantidad de alimento, se comprobó que aquellos a los que se acariciaba regularmente aumentaban de peso a una velocidad un 49 por ciento mayor que los bebés que no eran acariciados.

           Numerosos estudios han demostrado que incluso los accidentes, que consideramos sucesos “fortuitos”, tienen relación con el estado emocional y psíquico (o campo energético) de las “victimas”. Varios estudios indican que las personas propensas a los accidentes tienen ciertos rasgos de personalidad, como impulsividad, resentimiento, agresividad, dependencia con necesidades insatisfechas, depresión, tristeza, soledad y aflicción no resuelta, entre otros. Tienden a castigarse cuando sienten rabia contra otras personas. Así pues, en el lenguaje de los sistemas energéticos, parece ser que el campo energético de la persona “propensa a los accidentes” interacciona con el campo energético del medio ambiente de una manera que aumenta su probabilidad de sufrir accidentes.

           Está claro que las interacciones humanas tienen profundos efectos en la salud. Estos efectos pueden ser positivos o negativos, dependiendo del estado de ánimo de las personas implicadas en esas interacciones. Cuando comencemos a comprendernos como campos de energía poseedores de la capacidad de influir en la calidad de nuestras experiencias, comenzaremos a conectar con nuestra capacidad innata para sanarnos y crearnos una buena salud todos los días de nuestra vida.

           Nuestro cuerpo está influido y de hecho estructurado por nuestras creencias. Muchas de estas creencias las heredamos de nuestros padres y de las circunstancias en las que fuimos criados y educados. La esperanza, la autoestima y la educación son los factores más importantes en la creación diaria de salud, sea cual sea nuestra historia y el estado de salud que hayamos tenido en el pasado. El estado emocional influye incluso en las enfermedades. La doctora Jeanne Achterberg ha demostrado que el curso que va a seguir un cáncer se puede pronosticar mejor por variables psíquicas, como la esperanza, que por mediciones médicas. Siempre tenemos en nuestro interior el poder para educarnos más acerca de lo que nos va a ayudar a sanar y a crearnos una buena salud.

           Hasta hace muy pco tiempo, los científicos creían que la información pasaba linealmente por el sistema nervioso de nervio a nervio, igual como en un cable eléctrico. Pero ahora sabemos que los órganos corporales se comunican directamente con el cerebro y viceversa, mediante mensajeros llamados “neuropéptidos”. Estos neuropéptidos llevan mensajes entre las neuronas; entonces las moléculas receptoras de neuropéptidos reciben estos mensajes activados por las emociones y los pensamientos para ser liberados. Lo que esto quiere decir es que todo el cuerpo siente y expresa emociones; todas nuestras partes “piensan” y “sienten”.

           Los glóbulos blancos, por ejemplo, pueden producir sustancias analgésicas semejantes a la morfina, lo que le da a la persona la capacidad de regular su dolor sin medicamentos. Las hormonas, por ejemplo, son moléculas mensajeras que llevan emociones y pensamientos. Es fácil entonces comprender que cuando estamos tristes, nuestros órganos femeninos “se sienten” tristes, y sus funciones se ven afectadas.

           Nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestro cerebro se comunican directamente con nuestros sistemas inmunitario, nervioso y endocrino y con nuestros órganos. Además, si bien estos sistemas corporales se estudian y se consideran por separado, en realidad son aspectos del “mismo sistema”. Si el útero, los ovarios, los glóbulos blancos y el corazón fabrican las mismas sustancias químicas que fabrica el cerebro cuando piensa: “¿En qué parte del cuerpo está la mente?”. La respuesta es: “La mente está situada en todo el cuerpo”.

           Es necesario ampliar considerablemente todo nuestro concepto de lo que es “la mente”. Así pues, ¿estás preparada para escuchar cuando te hable esa parte de tu mente que es tu útero, con el lenguaje del dolor o de una hemorragia menstrual excesiva?

           La mente y el alma, que impregnan todo nuestro cuerpo, son mucho más vastas de lo que el intelecto puede comprender. Nuestros temores y creencias estas codificados en nuestro cuerpo. Nuestros tejidos musculares tienen sentimientos, pensamientos y recuerdos que forman parte de la sabiduría de nuestro cuerpo. Nuestra guía interior nos llega primero a través de nuestros sentimientos y la sabiduría de nuestro cuerpo, no a través de la comprensión intelectual. Cuando buscamos una orientación interior sólo con el intelecto, como si esta existiera fuera de nosotros y de nuestro conocimiento más profundo, nos quedamos estancadas en la búsqueda, y de hecho la silenciamos. El intelecto funciona mejor al servicio de nuestra intuición, guía interior, alma, Dios o poder superior, sea cual sea el término que elijamos para llamar a la energía espiritual que anima la vida. Una vez que reconocemos que somos más que nuestro intelecto y que esa guía está a nuestra disposición en la mente universal, tenemos acceso a nuestra capacidad interior de sanación.

William James dijo una vez: “El poder para mover el mundo está en el inconsciente”.

 Fuente: Dra. Christiane Northrup
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