Encender el fuego sanador en nuestro interior

Una cosa es comprender intelectualmente los pasos que debe dar para curarse, y otra muy distinta comprender lo que debe hacer emocionalmente. Para encender el fuego sanador, debe creer algo con todo su corazón. El corazón contiene el agente catalizador que hace que el resto de la mente y el cuerpo sanen mediante una reacción en cadena.chakras

Sanar no es un proceso encaminado a resolver sus misterios, sino a aprender a vivir con ellos.

La vida está llena de misterios. De hecho, la vida misma es un misterio, un viaje plagado de brumas inesperadas y desvíos hacia mágicos jardines que no sabíamos que cultivaban para nosotros. Preguntarse por qué ocurren los acontecimientos dolorosos o maravillosos de nuestra vida es malgastar energía. Nunca sabremos qué elementos participaron en la creación de esos momentos. En lenguaje psicológico —y divino—, esos acontecimientos están «sobredeterminados»: participan tantos factores, incidentes, fuerzas y energías que es imposible determinar una causa concreta.

Las enfermedades constituyen uno de los misterios más insondables de la vida. ¿Por qué enfermamos? « ¿Porqué me ha ocurrido a mí? ¿Qué he hecho para merecerlo? ¿Lograré salvarme?» Quizá se pregunte usted si la enfermedad está relacionada con una experiencia traumática que sufrió en su infancia o a las toxinas que contaminan el medio ambiente. No pierda el tiempo haciéndose esas preguntas. De momento, concéntrese en recuperar la salud.

La inteligencia divina opera de formas que no podemos comprender, tenga siempre presente que usted está destinado a vivir un misterio, no a resolverlo. Viva con las preguntas que se plantea, pero no permita que éstas dominen su vida, sus pensamientos o sus actos.Piense que cada enfermedad le ofrece la oportunidad de aprender algo sobre sí mismo.

APRENDA A DECIR NO

El favor más importante que usted puede hacerse en una situación crítica es aprender a administrar su tiempo. Usted es su primera prioridad. Para ella lo primero que debe hacer es aprender a decir no. Deje de pensar que va a perderse la gran oportunidad de su vida si no acude a algo, tanto si se trata del estreno de una película muy galardonada, la boda de un pariente o una reunión de negocios.

Recuerde que sólo está presente ahora, no sabe lo que ocurrirá mañana. Las preguntas son, esencialmente, las mismas, tanto si está sano como si trata de sanar: « ¿Deseo invertir mi tiempo en esto? ¿Estoy malgastando el valioso bien del tiempo porque temo perderme una oportunidad importante?» Cuando se enfrente a una crisis vital, hágase estas preguntas;

  1. ¿Quiénes son las personas más importantes en mi vida?
  2. ¿Estoy invirtiendo mi tiempo en las personas y las cosas más importantes para mí, tanto para sanar como para vivir una existencia plena?
  3. Si no es así, ¿qué puedo hacer para modificar la situación?

Aunque estas preguntas de evaluación puedan parecerle más cruciales en una época de transición —cuando se enfrenta a una crisis de salud o a una crisis espiritual— debe formularlas periódicamente durante toda su vida. Al igual que debe conservar su energía y utilizarla con prudencia, debe aprender a administrar su tiempo. Quizá deba reducir el tiempo que pasa en compañía de personas cuya orientación o conducta no encajan con la necesidad que usted tiene de sanar. No pretendo decir que, si trata de curarse de un cáncer o una historia de incesto, deba pasar todo el tiempo en compañía de otras víctimas de cáncer o de incesto. Pero si existen ciertas personas en su vida —amigos, parientes, compañeros de trabajo— que se expresan y se comportan de forma negativa, que no respetan su cuerpo o que le animan a comportarse de un modo que no favorece su curación, pregúntese si le conviene estar con ellas. El mero hecho de que alguien desee ser su amigo no es motivo suficiente para que usted dedique tiempo a esa persona en estos momentos de su vida.

Tampoco pretendo decir que deba «hacer algo útil» en todo momento, máxime si el «hacer algo» empieza a asumir la forma de una obsesión con la actividad y el rendimiento. Administrar su tiempo significa concederse unos espacios vacíos para usted mismo, para“no hacer” nada más que dejar que afloren a la superficie nuevas ideas y sentimientos. Esta «inactividad» es el mismo principio en el que se basa la meditación, pero puede utilizarla para desembarazarse de tareas y preocupaciones a lo largo de coda  jornada, dedicando unos minutos a sí mismo. En este sentido, una enfermedad, un trauma o una crisis vital pueden representar una oportunidad para que usted explore su vida a un ritmo más pausado. Decir no a hacer algo puede significar decir no a ocuparse en algo simplemente para hacer algo. Este principio constituye un contrapeso muy útil para la segunda forma de propiciar su fuego sanador.

CAMBIE DE RUMBO DE INMEDIATO

Sanar es una tarea que no admite dilación. Muchas personas inician su proceso de curación investigando todos los tratamientos que tienen a su alcance. Mientras llevan a cabo esta tarea, no hacen nada para mejorar su situación. Suponen que los conocimientos que asimilan constituyen en sí mismos una fuerza sanadora. Hasta que se deciden, qué tratamiento seguir  se sienten más «seguras» no haciendo nada.  Yo creo que esto significa que no están dispuestas a realizar ciertos cambios en su vida.

Aplazar la decisión de cambiar  es más que absurdo; es peligroso. Es preferible comenzar por donde sea que no hacer nada. Cada elección positiva es buena, y activa una nueva corriente de energía en su vida. Esas nuevas medidas o cambios no tienen que ser trascendentales para ser eficaces. Entre tanto, siga leyendo toda la información que sirva para ampliar sus conocimientos sobre el tema.

Un buen comienzo es introducir ciertas modificaciones en su nutrición o añadir un programa de ejercicios a su rutina cotidiana. Empiece por caminar todos los días, o asistir a clases de yoga. Si cree que necesita el apoyo de un grupo, acuda a un centro de tratamientos holistas o a un establecimiento de productos naturistas, y compruebe en el tablón de anuncios si figura algún grupo de apoyo cercano a su domicilio. Puede realizar esos cambios al tiempo que busca consejo médico adicional. Ante todo, recuerde que no puede permitirse caer en la tentación de «dejarlo para mañana». En el proceso de curación sólo existe el «hoy». Mañana, como suele decirse, nunca llega. 

 PRACTIQUE EL PENSAMIENTO CÍCLICO

La percepción de que el tiempo y la vida son experiencias lineales entorpece el proceso de curación.

En lugar de obsesionarse con el factor «tiempo» piense en los ciclos de la naturaleza, los cuales se reflejan en muchos otros procesos. En el mundo natural, a las épocas de calor, bienestar y productividad siguen inevitablemente períodos de frío, dificultades y disminución de la productividad, pero tras esas épocas difíciles regresa de nuevo la época de calor y disfrute. Pocas culturas comprenden mejor ese principio y flujo cíclico que la china, cuya espiritualidad, al igual que en el caso de los nativos americanos, está estrechamente vinculada a la tierra .Como dice Tao Te Ching:

El camino del cielo se asemeja a la flexión de un arco

El extremo superior se dobla hacia abajo y el inferior hacia arriba.

A aquellos que les sobra, les quita; a quienes no tienen suficiente, les da

Por tanto, para alcanzar el cielo es preciso reducir lo excesivo y aumentar lo insuficiente.

Cuando usted se halle en el invierno de su enfermedad, puede llegar a pensar que el ciclo es interminable y que el verano no volverá nunca; es precisamente en esos momentos cuando debe controlar sus pensamientos. Dedique unos minutos a recordar épocas pasadas de su vida en que su suerte parecía haber alcanzado el punto más bajo. Evoque cómo se sentía entonces, prestando atención a las sensaciones de su cuerpo mientras vuelve a experimentar esos sentimientos de tristeza e impotencia. Luego evoque el punto de inflexión, y recréese en la sensación de alivio y esperanza a medida que la situación comienza a cambiar a su favor. No tiene que tratarse necesariamente de un acontecimiento importante; puede ser tan simple como un partido que estuvo a punto de perder, o recibir una carta de reconciliación de un amigo del que se había distanciado. El resultado es menos importante que el cambio en la situación. Quizá perdiera usted el siguiente partido, o rompiera definitivamente con ese amigo. Y algún día usted espirará el aire y no volverá a inspirarlo. Pero tenga presente que la curación constituye, ante todo, una experiencia de aprendizaje, y una de las lecciones más importantes es que la vida se caracteriza por la impermanencia y las fluctuaciones. Si es capaz de aprender a aceptar los cambios con ecuanimidad, habrá aprendido a dominar algo más importante que una enfermedad.

El pensamiento cíclico es asimismo uno de los medios más eficaces para aprender a perdonar, desde la perspectiva divina, no nos corresponde a nosotros administrar justicia.Cuando se sienta abrumado por su incapacidad de perdonar un daño que le hayan causado, o cuando se indigne al recordar una ofensa pasada, le recomiendo que practique el siguiente ejercicio para aprender a perdonar. Examine atentamente todos sus actos de la semana pasada y compruebe si ha cometido el mismo tipo de injusticia u ofensa que recibió. No es preciso que sea algo grave. Por ejemplo, quizá crea que en su infancia alguien le juzgó equivocadamente y que eso influye en cómo la gente lo ve hoy en día. Un hecho tan simple como haber sido malinterpretado por sus padres o por un maestro en algún momento determinado puede seguir pesando sobre usted. Cuando se sienta agobiado por ese peso, examine sus actos para comprobar si usted ha juzgado también equivocadamente a alguien. Al principio, su valoración de otra persona puede parecerle intrascendente. Como no le gusta como viste cierta persona, la tacha de descuidada. Quizá convierta ese juicio en un rumor. O quizá comente que una determinada mujer ha alcanzado el puesto que ocupa en su empresa por medio de métodos pocos éticos o deshonestos. Así, una valoración aparentemente inocente y sin importancia puede tener consecuencias serias.

Es preciso que aprenda a perdonarse a sí mismo por haber hecho ese juicio y perdonar a la persona que le juzgó equivocadamente hace tiempo. 

MÁRQUESE METAS REALISTAS

Aunque todas las cosas terrenales cambian, no cambian necesariamente de la noche a la mañana. Al igual que nadie puede aprender a correr una maratón en un día, llevar una vida sana o curarse de una enfermedad requiere practicar de forma constante y regular las disciplinas curativas que uno decida seguir, ya sea un tratamiento médico, unos cambios nutricionales, un programa de ejercicios, visualizar dones o meditación.

Cuando nos diagnostican una enfermedad, o cuando sufrimos una grave crisis o una tragedia, suelen aparecer temores nuevos. Le recomiendo que sea paciente consigo mismo. Si se siente deprimido o ansioso, trate de analizar la situación para averiguar cuándo y en qué contexto afloran esos sentimientos.También puede practicar el siguiente ejercicio, perteneciente a la tradición sufí, denominado «a un kilómetro de Bagdad».

Cierre los ojos y véase asimismo caminando por una solitaria carretera del desierto al parecer interminable, como una carretera en algún lugar remoto de Oriente Medio. Sienta el sol cayendo sobre usted, la arena ardiente bajo sus pies, una sed y una fatiga insoportables. Experimente la aridez del lugar, la soledad, la desesperación que le embarga. Cuando esos sentimientos empiecen a hacerse palpables, encuentre algún pequeño refugio bajo una roca junto a la carretera e instálese en él para pasar la noche. Observe cómo se pone el so!, sienta el aire fresco de la noche. Mientras descansa de sus fatigas, aspire el aire refrescante y note cómo su cuerpo recobra las fuerzas. Ahora salga de su refugio y mire a su alrededor. No muy lejos vislumbra unas lucecitas, y luego otras más. Sin duda debían de estar allí antes, pero usted no las vio porque el sol le cegaba. Cuando comienza a oír una suave música, se percata de que, muy cerca, hay una ciudad llena de gente, que se halla a una distancia que usted puede recorrer a pie. Usted creía que se hallaba en medio del desierto, pero sólo estaba a un kilómetro de Bagdad. Recréese en su sensación de alivio. Mientras se solaza con este pensamiento, pronuncie una breve oración de gracias.

Aunque durante el primer mes del proceso de curación no observe ningún cambio en su cuerpo, no crea que no se esté produciendo. Los cambios están ocurriendo en el plano energético, y causarán, al cabo de un tiempo, positivos cambios mentales, espirituales e incluso físicos. Está usted más cerca de la meta de lo que imagina.

Durante el proceso de curación, consulte a otras personas que hayan sufrido su enfermedad. Pueden procurarle información muy útil, pero no compare sus progresos con los suyos. Recuerde que aquello que no ha servido a cierta persona para sanar su cuerpo podría ser exactamente lo que usted necesita, desde el punto de vista energético, para comenzar a sanar. Manténgase abierto a distintas opciones.

LA MEDICINA DE LA ENERGIA – Caroline Myss
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