Educación sexual

La educación sexual debe formar parte de la vida familiar. Para ello, la comunicación entre las familias, la confianza y la información son herramientas imprescindibles.

Aprendemos muchas cosas a lo largo de nuestra vida, pero el conectar con nuestro cuerpo, con nuestras emociones, con nuestros sentimientos, no está en esa lista de prioridades. 

Aprender a sentir cómo nos afecta lo que vivimos, qué emociones nos generan y cómo podemos gestionarlo, es un aprendizaje que debería de empezar desde que venimos a este mundo que habitamos.

Es por esto, entre otras muchas cosas, por lo que debemos reivindicar la educación sexual en los colegios. Cuando se habla de educación sexual, muchas veces obtenemos respuestas de rechazo, sobre todo cuando hablamos de edades tempranas. Pero es que, precisamente, cuanto antes empecemos, mejor.

Es fundamental que la gente entienda que cuando hablamos de educación sexual, hablamos de una infinidad de aspectos que nos atraviesan a todos y cada uno de nosotros. Hablamos de cuerpos, de emociones, de sentimientos, de convivencia, de respeto, de cuidados, de amor, de tolerancia, de diversidad y de un largo etcétera.

La educación sexual tiene tres objetivos claros: conocerse, aceptarse y aprender a expresarse de un modo respetuoso tanto con uno mismo como con su entorno.

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