¿Cómo influyen las emociones en nuestra sexualidad?

Las emociones son estados afectivos innatos y automáticos que se experimentan a través de cambios fisiológicos, cognitivos y conductuales. Son necesarias para adaptarse al entorno en el que nos desenvolvemos. Es muy importante que las personas aprendamos a manejar las emociones ya que éstas tienen repercusión en nuestra salud tanto física como psicológica.

El aprender a identificarlas, reconocerlas, sentirlas y gestionarlas desde nuestra más tierna infancia será una herramienta muy valiosa, que nos ayudará a transitar por las distintas épocas vitales de manera más saludable y satisfactoria, y que puede favorecer el vivirnos y entendernos mejor.

La educación sexual engloba la educación emocional, ya que son aspectos intrínsecos a la persona. El aprender a gestionarlos favorecerá la consecución de los objetivos de la educación sexualconocerse, aceptarse y aprender a expresarse de una forma satisfactoria, tanto para la propia persona como con su entorno, teniendo en cuenta las necesidades propias y ajenas.

Por lo tanto, la educación sexual es de vital importancia ya que es una herramienta indispensable para nuestro desarrollo pleno y para alcanzar una vivencia saludable, que genere bienestar, favoreciendo y fomentando que las personas se quieran y se cuiden.

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Es importante que tengamos claras varias cosas en relación a las emociones:

  • NO HAY EMOCIONES BUENAS NI MALAS, lo que podemos es sentir emociones que nos resulten agradables o desagradables, pero todas ellas son necesarias y nos transmiten información muy valiosa. Por ejemplo, el miedo es una emoción que nos puede resultar desagradable, pero, si lo sentimos en una relación sexual, puede ser una señal de alarma que nos indica que algo no nos está haciendo sentir bien. Por ello es necesario aprender a escuchar, interpretar y respetar las señales que nos envía nuestro cuerpo, teniéndolas en cuenta y actuando en consecuencia.

LAS EMOCIONES SON ESTADOS QUE NO VAMOS A PODER EVITAR, VAN A ESTAR PRESENTES EN NUESTRA VIDA de un modo u otro, queramos o no. Lo que en muchas ocasiones ocurre es que hay una mala gestión de las mismas. Es muy frecuente intentar bloquear ciertas emociones o sentimientos que nos resultan desagradables o difíciles de asumir. Esta mala gestión suele tener consecuencias importantes, que se manifestarán de distintas formas en cada persona, como por ejemplo, jaquecas, contracturas, cansancio crónico, estrés, bruxismo, dificultades sexuales, problemas de concentración, problemas de sueño, alteraciones gastrointestinales, etc. Toda esta sintomatología está estrechamente ligada con dificultades a la hora de gestionar nuestras emociones, y son algunas de las formas que tiene nuestro cuerpo de decirnos que hay un “nudo emocional” que deberíamos abordar

FUNCIONES DE LAS EMOCIONES

Las emociones tienen una función adaptativa, que nos ayuda a regularnos y sobre todo a favorecer nuestra supervivencia, ya que no olvidemos que la principal función de nuestro cerebro es que sobrevivamos. También tienen una función social, que favorece que nos comuniquemos con las demás personas. Otra de sus funciones es la motivacional, que nos indica lo que nuestro cuerpo necesita y en qué dirección debemos movilizar nuestros recursos para conseguir algo.

Las emociones condicionan nuestras reacciones fisiológicas, pero también nuestros pensamientos y nuestras conductas, ya que generan cambios no solo a nivel físico, sino también a nivel afectivo y a nivel psicológico. Por todo ello, van a tener también influencia en nuestra sexualidad.

EL LADO EMOCIONAL DE LA SEXUALIDAD

Como fuimos viendo a lo largo de estas líneas, las emociones nos atraviesan y nos condicionan en todos los aspectos y ámbitos de nuestra vida, por lo tanto, lo harán igualmente, y de forma muy directa, en nuestra sexualidad.

Es fundamental, tener en cuenta que si no somos capaces de conectarnos con nosotres mismes de forma profunda, no vamos a ser capaces de hacerlo con otras personas tampoco.

Del mismo modo, esta mala gestión emocional también nos puede ocasionar dificultades a la hora de lidiar con las emociones de las personas que nos rodean. Esto puede tener implicaciones muy directas a la hora de mantener relaciones sexuales con otras personas. Es decir, si no sabemos interpretar las emociones en nuestro cuerpo, tampoco seremos capaces de leerlas en otras personas, esto va a suponer una barrera difícil de vencer, ya que el sexo se trata de comunicarse en todos los sentidos.

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“El sexo es una conversación, si no sabemos escuchar, intercambiar y conectar, sería como ir a soltar un monólogo. Por muy interesante que sea el monólogo, si además siempre es el mismo, nos terminamos cansando de que nos den la turra”.

Así mismo, si partimos de una mala gestión emocional y un mal autoconocimiento, es posible que cuando nos intentemos vincular afectiva o sexualmente con otras personas, aparezcan inseguridades, vergüenzas, miedos o “fantasmas”, que, lejos de ayudar a que disfrutemos, crean barreras que nos alejan de las otras personas.

¿CÓMO PODEMOS DISFRUTAR DE UNA RELACIÓN SEXUAL?

Para poder disfrutar de una relación sexual, lo ideal es ir desde la calma, la confianza, el sentirnos a gusto y segures con esa persona o personas. Teniendo claro que lo importante en una relación erótica no son la cantidad de posturas, tiempos o tamaños; sino el propiciar que las demás personas se sientan a gusto. Teniendo en cuenta sus deseos y necesidades, promoviendo así  relaciones basadas en los cuidados, el respeto y el buentrato, dónde todas las personas implicadas puedan expresarse libremente .

Aprender a gestionar las emociones es un proceso que requiere trabajar de modo continuado y que precisa de mucho tiempo para integrarlas, siendo una tarea a realizar a lo largo de la vida. Además, no son algo estático, sino que los motivos que las provocan, la intensidad, el momento, el cómo afectan y las circunstancias vitales de las personas varían y, por lo tanto, es continuo el desafío a nuevos retos en el ámbito emocional.

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Urge estimular la inteligencia emocional para poder ser personas con un desarrollo más saludable en este ámbito y así aprender a autocuidarnos, así como a cuidar también del resto de personas y las relaciones con ellas.

Lucía Álvarez López y Sabela Maceira Mato