El invencible león que mora en mi alma

            Siendo yo un cachorro del Divino León, me encontré confinado en un redil de flaquezas y limitaciones. Amedrentado y conviviendo largo tiempo con ovejas, balaba yo día tras día, y olvidé mi rugido aterrador que ahuyenta todas las penas enemigas.

            Pero Tú, ¡Oh invencible león que moras en mi alma!, me arrastraste hasta el abrevadero de la meditación diciéndome: "¡Eres un león, no una oveja! ¡Abre los ojos y ruge!".
      
            Ante el apremio de tus enérgicas sacudidas espirituales, me asomé al cristalino estanque de la paz y ¡he aquí que contemplé el reflejo de mi rostro que era igual al Tuyo!

            Ahora sé que soy un león de cósmico poder y, en vez de balar, estremezco la selva del error con el estruendo de tu voz omnipotente. En libertad divina, salto por la jungla de los engaños terrenales, devorando las pequeñas bestias de las timideces y preocupaciones exasperantes, y las hienas salvajes de la incredulidad.

            ¡Oh León de la liberación, lanza siempre a través de mí tu rugido de valor que todo lo vence!

Susurros de la Eternidad

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