LA EXPANSIÓN DEL AMOR

El reino de mi amor ha de expandirse. He amado mi cuerpo más que otra cosa y, por eso, me identifico con él y he dejado que me limite. Con el amor que le he brindado al cuerpo, amaré a todos los que me aman. Con ese amor expandido de todos lo que me aman, amaré a los míos. Con el mismo amor que siento por mí y por los míos, amaré a los extraños. Emplearé todo mi amor para amar igualmente a quienes no me aman como a los que me aman, y sumergiré todas las almas en mi amor desinteresado. Mis familiares, mis conciudadanos, todas las naciones y todos los seres nadarán en el océano de mi amor. La creación entera y las miríadas de diminutas criaturas vivientes danzarán sobre las olas de mi amor.


Me he impregnado del perfume de tu presencia y dejo que con la brisa se difunda el aroma de tu divino mensaje del amor por todos.

En el templo del amor de mi madre terrenal, veneraré la encarnación del amor de la Madre Divina.

Todo deseo de amor lo purificaré y satisfaré, en mi sagrado amor a Ti.

Infinito Bienamado, te mantendré siempre cautivo tras los sólidos muros de mi amor imperecedero.

Seguiré amándote siempre, ya sea que Tu respondas o no a mis exigentes llamados y oraciones.

Enséñame a vivificar mis oraciones con tu amor. Permíteme sentir tu proximidad en el trasfondo de las palabras de mi plegaria.

Sé que Tú estás escuchando las silenciosas palabras de mi alma, oculto tras las cortina misma de mis amorosos y exigentes llamados.

Reconoceré que es Dios mismo quien me brinda su amor a través de todos los corazones.

Enséñame a beber el néctar del gozo duradero que mana de la fuente de la meditación.

Madre Divina, enséñame a adorarte en el altar del silencio interior y en el altar de la actividad externa.

Purifica la escoria que hay en mí. Destierra para siempre del mundo la enfermedad y la pobreza. Elimina de las playas de las almas humanas el desconocimiento de Ti.

Meditaciones metafísicasParamahansa Yogananda

El invencible león que mora en mi alma

            Siendo yo un cachorro del Divino León, me encontré confinado en un redil de flaquezas y limitaciones. Amedrentado y conviviendo largo tiempo con ovejas, balaba yo día tras día, y olvidé mi rugido aterrador que ahuyenta todas las penas enemigas.

            Pero Tú, ¡Oh invencible león que moras en mi alma!, me arrastraste hasta el abrevadero de la meditación diciéndome: "¡Eres un león, no una oveja! ¡Abre los ojos y ruge!".
      
            Ante el apremio de tus enérgicas sacudidas espirituales, me asomé al cristalino estanque de la paz y ¡he aquí que contemplé el reflejo de mi rostro que era igual al Tuyo!

            Ahora sé que soy un león de cósmico poder y, en vez de balar, estremezco la selva del error con el estruendo de tu voz omnipotente. En libertad divina, salto por la jungla de los engaños terrenales, devorando las pequeñas bestias de las timideces y preocupaciones exasperantes, y las hienas salvajes de la incredulidad.

            ¡Oh León de la liberación, lanza siempre a través de mí tu rugido de valor que todo lo vence!

Susurros de la Eternidad

NUNCA PIERDAS LA ESPERANZA

            Si has abandonado la esperanza de llegar a ser alguna vez feliz, anímate. Nunca pierdas la esperanza, ya que tu alma - siendo un reflejo del Espíritu siempre gozoso - es, en esencia, la felicidad misma.

            Si mantienes cerrados los ojos de tu concentración, no podrás ver el sol de la felicidad que resplandece en tu interior. No obstante, por muy cerrados que mantengas los ojos de tu atención, es un hecho irrebatible el que los rayos del sol de la felicidad están siempre tratando de atravesar las cerradas puertas de tu mente. Abre las ventanas de la serenidad, y descubrirás dentro de tu propio ser el súbito resplandor del deslumbrante sol de la dicha.

            Si recoges la atención en tu interior, podrás percibir los gozosos rayos del alma. Al entrenar tu mente en el arte de apreciar el hermoso panorama de los pensamientos que existe en el reino invisible e intangible que mora en tu interior, podrás disfrutar de estas percepciones. No bases tu felicidad únicamente en deliciosas comidas, en la posesión de vestimentas hermosas, casas impecables con muebles confortables y toda clase de lujos. Todas estas cosas encerrarán tu felicidad tras los barrotes de las apariencias y de las trivialidades. En lugar de ello, vuela en el aeroplano de tu visualización sobre el ilimitado imperio de los pensamientos, y contempla allí las altas cordilleras formadas por tus nobles y firmes aspiraciones espirituales de autosuperación y de ayudar también a los demás a superarse.

            Deslízate sobre los profundos valles de la compasión universal; sobrevuela los géiseres del entusiasmo y las cataratas del Niágara de la sabiduría perenne, y precipítate hacia las augustas cúspides formadas por la paz de tu alma. Remóntate sobre el río ilimitado de la percepción intuitiva hacia el reino de la omnipresencia divina.

            Allí, en su mansión de bienaventuranza, bebe el manantial de su sabiduría susurrante y sacia así la sed de tu deseo. Come con Él los frutos del amor divino, en la sala de banquetes de la eternidad. Si has decidido encontrar la dicha dentro de ti, tarde o temprano la hallarás; búscala ahora mismo, diariamente, a través de la meditación constante y cada vez más profunda. Haz un verdadero esfuerzo por adentrarte en tu interior y encontrarás allí la anhelada felicidad.

Meditaciones Metafísicas- Paramahansa Yogananda


   

(Medita y concéntrate en estos pensamientos diariamente, y practícalos)