El invencible león que mora en mi alma

            Siendo yo un cachorro del Divino León, me encontré confinado en un redil de flaquezas y limitaciones. Amedrentado y conviviendo largo tiempo con ovejas, balaba yo día tras día, y olvidé mi rugido aterrador que ahuyenta todas las penas enemigas.

            Pero Tú, ¡Oh invencible león que moras en mi alma!, me arrastraste hasta el abrevadero de la meditación diciéndome: "¡Eres un león, no una oveja! ¡Abre los ojos y ruge!".
      
            Ante el apremio de tus enérgicas sacudidas espirituales, me asomé al cristalino estanque de la paz y ¡he aquí que contemplé el reflejo de mi rostro que era igual al Tuyo!

            Ahora sé que soy un león de cósmico poder y, en vez de balar, estremezco la selva del error con el estruendo de tu voz omnipotente. En libertad divina, salto por la jungla de los engaños terrenales, devorando las pequeñas bestias de las timideces y preocupaciones exasperantes, y las hienas salvajes de la incredulidad.

            ¡Oh León de la liberación, lanza siempre a través de mí tu rugido de valor que todo lo vence!

Susurros de la Eternidad

NUNCA PIERDAS LA ESPERANZA

            Si has abandonado la esperanza de llegar a ser alguna vez feliz, anímate. Nunca pierdas la esperanza, ya que tu alma - siendo un reflejo del Espíritu siempre gozoso - es, en esencia, la felicidad misma.

            Si mantienes cerrados los ojos de tu concentración, no podrás ver el sol de la felicidad que resplandece en tu interior. No obstante, por muy cerrados que mantengas los ojos de tu atención, es un hecho irrebatible el que los rayos del sol de la felicidad están siempre tratando de atravesar las cerradas puertas de tu mente. Abre las ventanas de la serenidad, y descubrirás dentro de tu propio ser el súbito resplandor del deslumbrante sol de la dicha.

            Si recoges la atención en tu interior, podrás percibir los gozosos rayos del alma. Al entrenar tu mente en el arte de apreciar el hermoso panorama de los pensamientos que existe en el reino invisible e intangible que mora en tu interior, podrás disfrutar de estas percepciones. No bases tu felicidad únicamente en deliciosas comidas, en la posesión de vestimentas hermosas, casas impecables con muebles confortables y toda clase de lujos. Todas estas cosas encerrarán tu felicidad tras los barrotes de las apariencias y de las trivialidades. En lugar de ello, vuela en el aeroplano de tu visualización sobre el ilimitado imperio de los pensamientos, y contempla allí las altas cordilleras formadas por tus nobles y firmes aspiraciones espirituales de autosuperación y de ayudar también a los demás a superarse.

            Deslízate sobre los profundos valles de la compasión universal; sobrevuela los géiseres del entusiasmo y las cataratas del Niágara de la sabiduría perenne, y precipítate hacia las augustas cúspides formadas por la paz de tu alma. Remóntate sobre el río ilimitado de la percepción intuitiva hacia el reino de la omnipresencia divina.

            Allí, en su mansión de bienaventuranza, bebe el manantial de su sabiduría susurrante y sacia así la sed de tu deseo. Come con Él los frutos del amor divino, en la sala de banquetes de la eternidad. Si has decidido encontrar la dicha dentro de ti, tarde o temprano la hallarás; búscala ahora mismo, diariamente, a través de la meditación constante y cada vez más profunda. Haz un verdadero esfuerzo por adentrarte en tu interior y encontrarás allí la anhelada felicidad.

Meditaciones Metafísicas- Paramahansa Yogananda


   

(Medita y concéntrate en estos pensamientos diariamente, y practícalos)

¡Oh canto mágico de amor eterno!

      He afinado las cuerdas del arpa de mi corazón, para tocar de nuevo una antigua canción: la historia de mi primogénito amor.

      ¡Oh Espíritu!, quiero ofrecerte las notas puras del alma virginal: variaciones originales sobre el tema constante de mi adoración.

      Las olas de mis himnos de alabanza bailan al ritmo cósmico de tu Océano y me llevan flotando, en un oleaje de bienaventuranza, hasta tus playas finales. 

      ¡Oh arrullo del Mar Sereno!, susúrrame siempre tu cántico de devoción a la Madre Divina.

      ¡Oh canto mágico de amor eterno!, méceme en la cuna de tu melodía y hazme dormir en su divino regazo de paz.


Susurros de la Eternidad