NUNCA PIERDAS LA ESPERANZA

            Si has abandonado la esperanza de llegar a ser alguna vez feliz, anímate. Nunca pierdas la esperanza, ya que tu alma - siendo un reflejo del Espíritu siempre gozoso - es, en esencia, la felicidad misma.

            Si mantienes cerrados los ojos de tu concentración, no podrás ver el sol de la felicidad que resplandece en tu interior. No obstante, por muy cerrados que mantengas los ojos de tu atención, es un hecho irrebatible el que los rayos del sol de la felicidad están siempre tratando de atravesar las cerradas puertas de tu mente. Abre las ventanas de la serenidad, y descubrirás dentro de tu propio ser el súbito resplandor del deslumbrante sol de la dicha.

            Si recoges la atención en tu interior, podrás percibir los gozosos rayos del alma. Al entrenar tu mente en el arte de apreciar el hermoso panorama de los pensamientos que existe en el reino invisible e intangible que mora en tu interior, podrás disfrutar de estas percepciones. No bases tu felicidad únicamente en deliciosas comidas, en la posesión de vestimentas hermosas, casas impecables con muebles confortables y toda clase de lujos. Todas estas cosas encerrarán tu felicidad tras los barrotes de las apariencias y de las trivialidades. En lugar de ello, vuela en el aeroplano de tu visualización sobre el ilimitado imperio de los pensamientos, y contempla allí las altas cordilleras formadas por tus nobles y firmes aspiraciones espirituales de autosuperación y de ayudar también a los demás a superarse.

            Deslízate sobre los profundos valles de la compasión universal; sobrevuela los géiseres del entusiasmo y las cataratas del Niágara de la sabiduría perenne, y precipítate hacia las augustas cúspides formadas por la paz de tu alma. Remóntate sobre el río ilimitado de la percepción intuitiva hacia el reino de la omnipresencia divina.

            Allí, en su mansión de bienaventuranza, bebe el manantial de su sabiduría susurrante y sacia así la sed de tu deseo. Come con Él los frutos del amor divino, en la sala de banquetes de la eternidad. Si has decidido encontrar la dicha dentro de ti, tarde o temprano la hallarás; búscala ahora mismo, diariamente, a través de la meditación constante y cada vez más profunda. Haz un verdadero esfuerzo por adentrarte en tu interior y encontrarás allí la anhelada felicidad.

Meditaciones Metafísicas- Paramahansa Yogananda


   

(Medita y concéntrate en estos pensamientos diariamente, y practícalos)

UNA CUESTIÓN DE EMPUJE

el tao Amoroso III

Durante las relaciones sexuales, para que el hombre pueda hacer los movimientos correctos en el momento indicado debe antes aprender a observar e interpretar los signos vitales de su compañera y los suyos propios, y a responder adecuadamente a ellos. En vez de agitarse frenéticamente en la oscuridad, debe mantener su atención concentrada en los Cinco Signos y las Diez Indicaciones de su compañera y regular la profundidad, el ritmo y el ángulo de sus penetraciones según las reacciones de ella. Ha de permanecer tan alerta y vigilante como un jefe de cocina ante sus fogones, tan cauteloso como quien galopa sobre un caballo con las riendas a punto de romperse. Si aprende a interpretar los indicadores en el sinuoso camino que conduce al orgasmo de la mujer, el hombre podrá dominar sin problemas el arte de reaccionar oportunamente ante el intenso tráfico de esa ruta.


Cuando la estimulación previa ya ha lubricado a la mujer con sus secreciones sexuales y dotado plenamente al hombre con los Cuatro Logros de la erección, ha llegado el momento de «introducir al Embajador» en el Portal de jade y «presentar sus credenciales» en el Palacio Celestial. El protocolo exige que esto se haga de forma lenta y respetuosa. Tras encontrar un apoyo firme en el interior, el hombre debe comenzar con una serie de pausados empujes superficiales, presionando firmemente con la base del pene sobre el monte de Venus para frotar el clítoris con su miembro, antes que deslizarlo hacia adentro y hacia afuera. Al minimizar el rozamiento sobre el sensible glande masculino y maximizar la estimulación del sensible clítoris femenino, se logra armonizar las divergentes exigencias del Yin y del Yang.

A medida que va avanzando el acto, el arte de la alcoba requiere que el hombre responda a las diversas reacciones de la mujer con la clase de penetración más apropiada. En el misterioso señor de la cueva, Li Tung hsuan, el médico de la dinastía Tang, nos explica el arte de la adecuada penetración:
Los empujes profundos y los superficiales, los lentos y los veloces, los rectos y los ladeados, no son en absoluto lo mismo. Cada uno de ellos posee sus propias características y produce efectos únicos. Un empuje lento debe parecerse al movimiento de un pez atrapado en el anzuelo, mientras que uno veloz debe ser como el vuelo de las aves contra el viento… Hay que aplicar cada estilo en el momento apropiado y no limitarse obstinadamente a un solo estilo por mera pereza o comodidad personal. Los libros de almohada taoístas conceden gran importancia al estilo y al número de los empujes que el hombre efectúa durante el coito. Con frecuencia mencionan «un millar de empujes» como medida correcta para satisfacer por completo a una mujer. A los no iniciados, esto debe sonarles como una versión sexual del maratón de Nueva York; en la práctica, empero, un millar de empujes equivalen más o menos a media hora de hacer el amor, lo que no es mucho tiempo para un amante taoísta.

Los textos taoístas proponen una amplia gama de estilos de penetración, invariablemente descritos por medio de poéticas metáforas que ya realzan de por sí la estética del acto. En El misterioso señor de la cueva, Tung-hsuan enumeró algunos de tales estilos:

  • Presione firmemente con la raíz del Tallo de jade sobre el montículo situado encima del Portal de jade y ejerza una acción de sierra sobre el Portal como si quisiera abrir una ostra para alcanzar la Perla Preciosa de su interior.
  • Penetre profundamente en el Portal de jade y a continuación retire lentamente el Tallo de jade deslizándolo sobre la Hondonada Dorada, como si quisiera cortar una piedra en busca del valioso jade.
  • Utilice el Tallo de jade para empujar vigorosamente en la región de la Terraza de Jade, como quien utiliza un mortero para moler sustancias medicinales.
  • Mueva el Tallo de jade hacia adelante y atrás con empujes lentos y cortos en el interior del Palacio
  • Celestial, como un granjero ara su campo para sembrar las semillas.
  • Apriete el Tallo de jade contra el Portal de jade y frótelo con fuerza, como dos avalanchas que se encuentran a mitad de camino.
  • Utilice el Tallo de jade para golpear a derecha e izquierda, como un bravo guerrero que trata de abrirse paso por entre las filas del enemigo.
  • Mueva el Tallo de jade de arriba abajo, como un caballo salvaje corcoveando a través de un torrente.
  • Haga una serie de empujes profundos y superficiales en rápida sucesión, como una piedra enorme que se hunde en el mar.
  • Introduzca el Tallo de jade lentamente, como una serpiente que se arrastra hacia un agujero para esconderse.
  • Hunda el Tallo de jade rápidamente, como un ratón asustado que corre a un agujero para esconderse.
  • Levántese hacia lo alto y desplómese muy abajo como un gran velero que surca un mar tempestuoso

Al practicar los diversos tipos de penetración, las parejas no tardan en descubrir cuáles son los que más les convienen en cada circunstancia.

El Tao ofrece «distintas caricias para personas distintas», según el físico, los sentimientos y las preferencias personales. Y, puesto que el acto sexual taoísta dura mucho más que el coito convencional que algunos califican de «normal», la diversidad de técnicas evita la monotonía de una misma maniobra repetitiva y proporciona al amor la chispa de la variación.

La Muchacha Sencilla y otros sabios taoístas parecen recomendar especialmente la secuencia de nueve empujes superficiales y uno profundo, sobre todo para los principiantes.

Dicha secuencia consiste en nueve empujes consecutivos de tipo «molienda», ejerciendo la frotación entre la raíz del pene y el monte de Venus, seguidos por una larga y pausada retirada hacia los Brotes de Trigo y un poderoso y veloz «empuje profundo» para regresar al Palacio Celestial.

Tenga en cuenta que el «empuje superficial» se realiza desde una posición de penetración profunda, mientras que el «empuje profundo» conlleva una retirada a profundidades menos hondas.

En determinadas posturas, particularmente aquellas en que la penetración es por detrás, un hombre dotado de un miembro largo y totalmente erecto puede llegar a «llamar» a la «Puerta Interior» (la cerviz) con la «Cabeza de Tortuga» (el glande del pene), pero esto debe hacerse muy suavemente y sólo cuando la vagina se halla perfectamente lubricada.

El momento en que el hombre ha de prestar mayor atención se presenta cuando la mujer llega a las últimas fases de los Cinco Signos y las Diez indicaciones y comienza a estrecharse con urgencia contra él ante la inminencia del orgasmo.

Si el hombre no es cuidadoso, la creciente agitación de su pareja y sus contracciones pélvicas estimularán en exceso la Cabeza de Tortuga y le harán eyacular, lo cual le dejará sin aire en las velas justo cuando la mujer se halla a punto de cruzar la línea de meta.

Esto puede resultar muy frustrante para ambos compañeros y, si se convierte en la regla más que en la excepción, fácilmente puede estropear sus relaciones.

Es precisamente en esta etapa del coito cuando el hombre más va a apreciar las ventajas de la penetración profunda con «empujes superficiales», que desplazan el punto de fricción desde el sensible glande a la raíz del pene, donde a él menos le excita y más estimula a la mujer.

Este tipo de empuje, combinado con la respiración profunda y el bloqueo del esfínter anal, permite al hombre responder indefinidamente incluso a las más vibrantes sacudidas de la mujer al borde del orgasmo, sin riesgo de eyacular prematuramente.

El tao de la salud el sexo y la larga vida. Daniel Reid

¡Oh canto mágico de amor eterno!

      He afinado las cuerdas del arpa de mi corazón, para tocar de nuevo una antigua canción: la historia de mi primogénito amor.

      ¡Oh Espíritu!, quiero ofrecerte las notas puras del alma virginal: variaciones originales sobre el tema constante de mi adoración.

      Las olas de mis himnos de alabanza bailan al ritmo cósmico de tu Océano y me llevan flotando, en un oleaje de bienaventuranza, hasta tus playas finales. 

      ¡Oh arrullo del Mar Sereno!, susúrrame siempre tu cántico de devoción a la Madre Divina.

      ¡Oh canto mágico de amor eterno!, méceme en la cuna de tu melodía y hazme dormir en su divino regazo de paz.


Susurros de la Eternidad