Hazme millonario en sonrisas

¡Oh Risa Silenciosa del Espíritu!, sonríe a través de mi alma, y permite a mi alma que sonría a través de mi corazón, y a mi corazón que sonría a través de mis ojos.

Hazme millonario en sonrisas, para que distribuya generosamente la riqueza de tus sonrisas entre los corazones necesitados.

Entronízate en el castillo de mi semblante, ¡oh Príncipe de las Sonrisas! Ningún rebelde abanderado de la hipocresía entrará ahí, pues estarás protegido por mi sinceridad inexpugnable.

Susurros de la Eternidad

Fotografía de Rakicevic Nenad

Pueda yo superar el temor

¡Oh Divino León del Valor!, enséñame a superar el temor mediante la comprensión de su inutilidad. Que no adormezca con presentimientos funestos la ilimitada capacidad que, como hijo tuyo, poseo para afrontar con éxito toda prueba que la vida me depare.

Líbrame del miedo paralizante. No permitas que imagine accidentes y calamidades, para que no propicie su materialización con el poder del pensamiento.

Inspírame a confiar en Ti, y no sólo en las precauciones humanas. Si soy consciente de que siempre estás a mi lado, puedo cruzar indemne entre una lluvia de balas o por donde abunden las temibles bacterias.

Que jamás me estremezca al pensar en la muerte. Ayúdame a recordar que el ángel recolector sólo vendrá una vez a llevarse este cuerpo y que, por su misericordia, cuando llegue mi hora, ni lo sabré ni me preocupará.

Susurros de la Eternidad

¡Oh prodigiosa música de mi alma!

      
En el gemido de las violas, en el rumor de las arpas y en el murmullo de los suspiros de mi mente, capté resonancias de Ti. Descorrí los velos pertinaces de las melodías audibles, y entonces, ¡Oh Cantor Infinito!, percibí tu voz. ¡Oh Prodigiosa música de mi alma, al fin te escuché!.

Tú me has despertado de mi letargo secular. En tu altar ofrendo humildemente el ramillete de todos mis cantos.

Susurros de la Eternidad