El invencible león que mora en mi alma

            Siendo yo un cachorro del Divino León, me encontré confinado en un redil de flaquezas y limitaciones. Amedrentado y conviviendo largo tiempo con ovejas, balaba yo día tras día, y olvidé mi rugido aterrador que ahuyenta todas las penas enemigas.

            Pero Tú, ¡Oh invencible león que moras en mi alma!, me arrastraste hasta el abrevadero de la meditación diciéndome: "¡Eres un león, no una oveja! ¡Abre los ojos y ruge!".
      
            Ante el apremio de tus enérgicas sacudidas espirituales, me asomé al cristalino estanque de la paz y ¡he aquí que contemplé el reflejo de mi rostro que era igual al Tuyo!

            Ahora sé que soy un león de cósmico poder y, en vez de balar, estremezco la selva del error con el estruendo de tu voz omnipotente. En libertad divina, salto por la jungla de los engaños terrenales, devorando las pequeñas bestias de las timideces y preocupaciones exasperantes, y las hienas salvajes de la incredulidad.

            ¡Oh León de la liberación, lanza siempre a través de mí tu rugido de valor que todo lo vence!

Susurros de la Eternidad

¡Oh canto mágico de amor eterno!

      He afinado las cuerdas del arpa de mi corazón, para tocar de nuevo una antigua canción: la historia de mi primogénito amor.

      ¡Oh Espíritu!, quiero ofrecerte las notas puras del alma virginal: variaciones originales sobre el tema constante de mi adoración.

      Las olas de mis himnos de alabanza bailan al ritmo cósmico de tu Océano y me llevan flotando, en un oleaje de bienaventuranza, hasta tus playas finales. 

      ¡Oh arrullo del Mar Sereno!, susúrrame siempre tu cántico de devoción a la Madre Divina.

      ¡Oh canto mágico de amor eterno!, méceme en la cuna de tu melodía y hazme dormir en su divino regazo de paz.


Susurros de la Eternidad

En el jardín nocturno de mis sueños

    En el jardín nocturno de mis sueños crecen muchas flores, las más raras de mi fantasía. Ahí, en la tibieza de la luz astral del sueño, los botones aún no abiertos de las esperanzas terrenales extienden audazmente algunos pétalos de realizaciones.

    En la tenue claridad del sueño, columbro visiones de rostros muy queridos que había olvidado, y duendes de amados sentimientos que yacían muertos y enterrados en el subconsciente desde hacía mucho tiempo. Todos se yerguen ataviados con brillantes túnicas. Al toque de trompeta de los ángeles del sueño, contemplo la resurrección de todas las experiencias pasadas.

    Señor, Tú que nos has concedido la liberación de olvidar las diarias dificultades mediante nuestras visitas nocturnas al país de los sueños, haz que despertando en Tí podamos escapar para siempre del dolor.


Susurros de la Eternidad