El cirio de tu recuerdo

     Puedo perder el rumbo y vagar en las tinieblas. Por eso Tú, ¡oh Madre Divina!, cuida de que el pequeño cirio de tu recuerdo no se apague con el soplo de la incredulidad.

    Busqué con avidez todo lo terrenal hasta que al fin descubrí que lo único que anhelo eres Tú. ¡Ven, quédate conmigo para siempre!

Susurros de la Eternidad

Hazme millonario en sonrisas

¡Oh Risa Silenciosa del Espíritu!, sonríe a través de mi alma, y permite a mi alma que sonría a través de mi corazón, y a mi corazón que sonría a través de mis ojos.

Hazme millonario en sonrisas, para que distribuya generosamente la riqueza de tus sonrisas entre los corazones necesitados.

Entronízate en el castillo de mi semblante, ¡oh Príncipe de las Sonrisas! Ningún rebelde abanderado de la hipocresía entrará ahí, pues estarás protegido por mi sinceridad inexpugnable.

Susurros de la Eternidad

Fotografía de Rakicevic Nenad

Pueda yo superar el temor

¡Oh Divino León del Valor!, enséñame a superar el temor mediante la comprensión de su inutilidad. Que no adormezca con presentimientos funestos la ilimitada capacidad que, como hijo tuyo, poseo para afrontar con éxito toda prueba que la vida me depare.

Líbrame del miedo paralizante. No permitas que imagine accidentes y calamidades, para que no propicie su materialización con el poder del pensamiento.

Inspírame a confiar en Ti, y no sólo en las precauciones humanas. Si soy consciente de que siempre estás a mi lado, puedo cruzar indemne entre una lluvia de balas o por donde abunden las temibles bacterias.

Que jamás me estremezca al pensar en la muerte. Ayúdame a recordar que el ángel recolector sólo vendrá una vez a llevarse este cuerpo y que, por su misericordia, cuando llegue mi hora, ni lo sabré ni me preocupará.

Susurros de la Eternidad